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FAO: los biocombustibles derivados de los alimentos no son necesariamente perjudiciales

Fuente: 
EFE
Brasil ha demostrado que el cultivo de caña de azúcar puede suministrar alimento y etanol para combustible sin por ello dañar el medio ambiente o empujar al alza los precios de los alimentos, asegura Olivier Dubois, experto de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en declaraciones recogidas por EURACTIV, socio de EFE, según publica este lunes el portal europeo.

En el marco de una conferencia celebrada la semana pasada en Bruselas, Dubois, funcionario de la FAO encargado de temas relacionados con recursos naturales y sostenibilidad, aseguró que el debate global sobre los biocombustibles es muy complicado, y no debería dar lugar a la “excesiva simplificación y las generalizaciones”, porque no reflejan la realidad, aseguró.

Una de esas afirmaciones simplistas, dijo Dubois, es que “los biocombustibles derivados de los cultivos agrícolas son necesariamente nocivos”, cuando, de hecho, según asegura el experto, deberían considerarse una herramienta para una inversión responsable en agricultura y en desarrollo rural.

Para sustentar esa argumentación, Dubois citó el ejemplo de la caña de azúcar en Brasil: un cultivo alimentario que no presenta problemas esenciales en cuestión de seguridad alimentaria, y que tampoco crea grandes cambios en el uso de las tierras.

“Los brasileños han invertido mucho en azúcar, y ahora pueden producir tanto alimentos a partir del azúcar, como etanol para combustible”, explicó.

Respecto al tan criticado aceite de palma, Dubois aseguró que representa hasta dos tercios del aceite vegetal producido en todo el mundo, y tiene un rendimiento tres o cuatro veces superior a cualquier otro aceite vegetal.

“En Indonesia, por ejemplo, el 45% del aceite de palma se produce en pequeñas explotaciones, así que, básicamente, si prohíbes el aceite de palma necesitarás mucha más tierra para producir la misma cantidad de aceite vegetal, y se podría dañar gravemente a los pequeños agricultores”, explicó el experto, al tiempo que añadió que hay maneras de producir aceite de palma de forma sostenible.

“Estos dos ejemplos demuestran que cada circunstancia es distinta, y necesita un enfoque ‘caso a caso’”, subrayó el alto funcionario de la FAO.

Los biocombustibles avanzados 

“Utilizan toda la planta, sean árboles o hierba, y por ello no tienes subproductos como los piensos para animales, y si tienes una gran plantación para biocombustibles de segunda generación, eso podría chocar indirectamente con la seguridad alimentaria en cuestión de utilización de la tierra”, explicó Dubois, al tiempo que subrayó que la propuesta de la FAO contiene también un elemento de evaluación de sostenibilidad local, además de un sistema de evaluación sólido y eficaz en términos de coste.En relación con la segunda generación de biocombustibles avanzados, cuya cuota en el combustible para el transporte la Comisión Europea quiere incrementar en un 6,8% para 2030, Dubois comentó que “no es la panacea”.

Preguntado sobre la propuesta de la Comisión Europea sobre biocombustibles de segunda generación, Dubois aseguró que es “un tanto restrictiva” teniendo en cuenta que la cantidad que se produce actualmente es del 2%.

“Es una cantidad muy pequeña”, explicó el funcionario, quien agregó que en un escenario optimista, podría llegar al 10% para 2030.

“Al tiempo que promover esos biocombustibles es loable, no se trata de una disyuntiva, sino de elementos complementarios. Si quieres alcanzar tus objetivos de (lucha contra) el cambio climático hay margen, y creo que debemos aprovechar la posibilidad de contar con biocombustibles sostenibles de primera generación en general”, agregó.

La transición necesaria

Por otro lado, Pierre Bascou, alto funcionario de la Dirección General de Agricultura (DG Agri) de la Comisión Europea aseguró que la agricultura ha sido de manera recurrente un elemento clave en muchos asuntos fundamentales, entre ellos la protección del clima.

“Cuando la pasada década se reconoció que los biocombustibles son un componente necesario de la descarbonización del sector del transporte, el sector agrícola y la Política Agrícola Común (PAC) garantizaron el marco necesario para el suministro sostenible de la mayor parte de sus materias primas”, subrayó en declaraciones a EURACTIV.

En palabras de Bascou, la agricultura de la Unión Europea (UE) ha demostrado su habilidad para satisfacer esa demanda adicional de la política energética y ha logrado hacerlo sin afectar por ello la seguridad alimentaria de la UE.

Por otro lado, admitió que se plantearon serias dudas en la última década sobre el impacto del crecimiento del sector de biocombustibles derivado de los cultivos agrícolas en los precios de los alimentos, especialmente a escala global.

“Tenemos que mirar al futuro con una mayor ambición en cuestión de (protección) del medio ambiente…”, comentó Bascou, al tiempo que agregó que se necesita una transición suave hacia biocombustibles más avanzados, para reducir su impacto medioambiental.

Por otra parte, el experto de la Comisión Europea aseguró que el marco legal fijado en la propuesta de biocombustibles post-2020 podría proporcionar suficiente certidumbre, tiempo e incentivos para que la industria se arriesgue a invertir en nuevos biocombustibles avanzados. “Al mismo tiempo, teniendo en cuenta el actual nivel de producción de biocombustibles derivados de alimentos, no habría que poner en peligro las inversiones en las actuales instalaciones y equipos”, apuntó.

“Este nuevo cambio de enfoque sobre los nuevos biocombustibles debería impulsar más innovación y fomentar más empleos cualificados, también en las áreas rurales”, aseguró.

Opinión pública y biocombustibles

Marie Donnelly, ex directora de Renovables, Investigación y Eficacia Energética en la Comisión Europea, admitió el año pasado que el ejecutivo de Bruselas no puede guiarse sólo por modelos económicos y teorías científicas.Los funcionarios de la Comisión Europea aseguran que han tenido en cuenta la opinión de los ciudadanos de la UE antes de presentar la propuesta sobre biocombustibles para después de 2020.

“Tenemos que ser muy sensibles a las preocupaciones de los ciudadanos, algunas veces incluso si esas preocupaciones son más emocionales que racionales, o basadas en datos científicos”, declaró la experta a EURACTIV, y añadió que la primera inquietud en relación con los biocombustibles convencionales se basó solamente en una reacción emocional del tipo: “alimentos versus combustible”.

Preguntada sobre cómo mide la Comisión Europea la opinión pública en este tema, Bascou respondió que el ejecutivo suele realizar consultas públicas y encuestas tipo Eurobarómetro.

En ese sentido, el último Eurobarómetro sobre biocombustibles data de 2010, y muestra que la mayor parte de ciudadanos europeos (72%) cree que habría que impulsar este tipo de combustibles, mientras que apenas un 20% cree lo contrario. Desde esa fecha no se ha publicado ninguna encuesta más sobre la conveniencia o no del uso de biocombustibles en la UE.

Por otro lado, algunas fuentes próximas a la Comisión Europea aseguran que el ejecutivo de Bruselas realizó dos consultas públicas antes de presentar su propuesta de revisión de la Directiva de Energía Renovable, y que los resultados de esa consulta están recogidos en las evaluaciones de impacto de la propuesta legislativa.

Soluciones duraderas

Trees Robijns, de la ONG Birdlife Europe, tiene una opinión similar en relación con los biocombustibles de primera generación, pero al mismo tiempo señala el peligro de soluciones “a medias” o parciales.

“Tenemos que empezar a invertir lo antes posible en soluciones reales y duraderas…una de esas soluciones son los coches eléctricos, otra son los incentivos al uso del transporte público”, explicó.

Birdlife considera que la única solución es la eliminación gradual de los biocombustibles derivados de cultivos agrícolas porque las emisiones que se generan con la explotación agrícola no ayudarán a que la UE alcance sus objetivos en materia de lucha contra el cambio climático.

“No olvidemos que, en la combustión de biocombustibles o de combustibles convencionales, las emisiones de las chimeneas son las mismas”, recordó Robijns. Al mismo tiempo, aseguró que hay otros tipos de biocombustibles no derivados de cultivos agrícolas, como algunos tipos de desechos, que pueden reemplazar parcialmente a los biocombustibles derivados de cultivos agrícolas que actualmente dominan el mercado.

De acuerdo con Birdlife, todas las instituciones de la UE han admitido que el futuro no está en los biocombustibles derivados de cultivos agrícolas, y que no habría que dar nuevos incentivos a ese sector después de 2020.

Empleo y precios de los alimentos

El impacto de esta revisada política de desarrollo rural y empleo no está clara.

Agricultores e inversores en etanol creen que las consecuencias serán graves, al tiempo que la Comisión y grupos de defensa del medio ambiente consideran que el impacto será pequeño, ya que los agricultores seguirán produciendo alimentos o se pasarán a los biocombustibles avanzados.

“No olvidemos que los problemas en el sector agrícola de la UE no están provocados por los biocombustibles, están causados por las problemáticas relaciones comerciales (por ejemplo la prohibición rusa), o el desajuste entre oferta y demanda (por ejemplo en el sector del porcino o el lácteo)…”, subrayó.

Además, Robijns destacó que si en algún momento se retira el apoyo a los biocombustibles derivados de los cultivos agrícolas, los precios de los aceites vegetales en Europa bajarían un 16%.